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Toledo, entre la leyenda y la historia

Leyendas de Toledo

Las leyendas de Toledo han enamorado a más de un poeta, escritor y artista. El Cristo de la Vega es una de esas historias románticas y por supuesto dramáticas que ha dejado huella en la literatura de nuestro país. José Zorrilla dedicó algunos renglones a la historia de amor truncada entre Diego Martínez e Inés de Vargas.

¿Conoces la leyenda del Cristo de la Vega?

A buen juez, buen testigo, es una de las formas en las que se conoce la historia de amor de dos jóvenes que se prometieron amor eterno.

Diego e Inés, los protagonistas de esta historia, no quisieron esperar al matrimonio para dejarse llevar por la pasión. Este hecho y en aquel entonces, despojaba a Inés de su honor, por lo que su padre exigió que Diego se casase con ella a su regreso de Flandes.

Inés, insegura de las intenciones de su amado, le pidió que se lo jurase ante la imagen del Cristo de la Vega en voz alta y tocando los pies del cristo para que fuera testigo de la promesa.

Con el paso del tiempo, Diego no regresaba de Flandes y la joven comenzó a impacientarse, preocupada por su amado y por su promesa. Desesperada, se ahogaba cada día en lágrimas y tristeza, rezando ante el mismo Cristo para que Diego volviese pronto y pudiera cumplir aquello que le juró.

Al cabo de los dos años, la guerra terminó pero ella seguía sin tener noticias de Diego. Nunca perdió la esperanza de volver a verlo, por lo que cada mañana desde el miradero esperaba ver cómo el joven que ella recordaba ver partir, volvía a su lado.

Esperó cada día durante los siguientes tres años, con la misma rutina y anhelos, hasta que un día vio como Diego se acercaba a la puerta del Cambrón. La emoción embargó a la joven, que emocionada acudió a su encuentro.

Diego llegaba acompañado de lanceros y peones, al frente del grupo cual caballero, sin embargo él rehuyó conocerla y se marchó escabulléndose en las estrechas calles de la ciudad.

Inés, desesperada, no paraba de acudir una y otra vez a Diego. Algunos días lloraba, otros le llegaba a amenazar y en otras ocasiones le rogaba que cumpliera su palabra.

Los murmullos no paraban en la ciudad y llevada por la desesperación, decidió acudir al Gobernador de Toledo. Tras escuchar su versión y sus quejas, reclamó algún testigo que pudiera corroborar su promesa. Ella no pudo encontrar persona alguna que confirmase su palabra, por lo que Don Pedro solicitó a Diego que acudiese para preguntarle a él en persona. Sin testigos y con la palabra de ellos confrontada, nada podía hacer.

Cuando Diego se dio la vuelta para abandonar el lugar, Inés le reclamó entre gritos y aseguró que sí tenía un testigo, el Cristo de La Vega. Todos guardaron silencio y tras unos minutos de vacilación, Pedro decidió que acudieran allí para tomar declaración a Diego ante el Cristo.

Al llegar a la ermita y rodeados del juez, el padre de Inés y algunos guardias y monjes, don Pedro reclamó al testigo alguna señal que pudiera dar la razón a Inés. Tras un prolongado silencio, el Cristo bajó su mano derecha, abrió los labios y exclamó, “si, juro”.

El Cristo de la Vega es hoy en día uno de los lugares más visitados en Toledo, una leyenda que cuenta el desamor de una joven que acudió en su ayuda. Leyenda o historia, es uno de los cuentos más mágicos de nuestra ciudad y que más enamoran a quien la conocen.

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